El parlamentario europeo Miguel Ángel Martínez generosamente ha accedido a cedernos el siguiente artículo donde expone su opinión sobre las próximas elecciones al Parlamento Europeo, elecciones de suma importancia que marcarán el devenir de un continente en los próximos años.

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Las Elecciones Europeas del 25 de mayo, van a tener lugar en un momento particularmente crítico para la Unión Europea o, más fundamentalmente, para decidir su identidad democrática de la que depende tanto la dignidad del proyecto como que a las ciudadanas y ciudadanos comunitarios nos vaya mejor o peor.

Se habla mucho de la crisis, pero hay una crisis, de la que se habla menos y sin embargo, a mí me parece la madre del cordero. Me refiero a la crisis de confianza de la ciudadanía en la verdadera utilidad de estas elecciones: de hecho son muchos los que tienen el convencimiento de que aquellos a quienes se elegirá en las urnas y el propio Europarlamento de que ellas surja, tendrán muy poco poder para decidir sobre los problemas que afectan a la sociedad. Ese convencimiento -justificado, pienso yo, en gran medida- es que el poder que al Parlamento le reconocen los Tratados y el Estado de Derecho, ha sido sencillamente usurpado por la fuerzas del capital -bancos y demás instituciones financieras-. Esa visión es, naturalmente, muy desmovilizadora, tanto en lo que hace al interés mismo por ir a votar como en la percepción de que las distintas opciones políticas en liza se diferencian poco, al menos en cuanto a su capacidad para llevar adelante los compromisos con que concurran a las elecciones.

Sin embargo, a mi modo de ver, estos comicios tienen una importancia extraordinaria. Seguro que de su resultado puede depender en gran medida el futuro de nuestras libertades y derechos y el de nuestra prosperidad; dependerá asimismo el papel que Europa pueda jugar en el mundo como factor de paz y de progreso social para el conjunto de la Humanidad. Paro hay algo, en la línea de lo que apuntaba al principio y que será condición previa para todo lo demás: de quien resulte vencedor en estas elecciones dependerá que pueda o no reconquistarse el poder de decidir que como antes afirmo, nos ha sido arrebatado por las fuerzas del capital. Es decir, que el reto principal de estas elecciones es recuperar ese poder, o sea, restaurar la identidad democrática del proyecto de construcción europea. Conste que yo no me engaño: tengo conciencia de que el pulso es tan feroz, el adversario tan fuerte y tan coherente e inescrupuloso en la defensa de sus intereses, y tan notable la contaminación mediática en favor de esos mismos intereses y fuerzas, que no me atrevo a asegurar que una victoria de la izquierda conseguirá recuperar para las Instituciones y para el Parlamento en primer lugar, el poder de decidir de que les hablo. Sí creo que hay conciencia y voluntad de hacer frente al reto en cuestión. Y, en todo caso, de lo que estoy seguro es de que una victoria de la derecha el 25 de mayo eliminaría hasta el intento de la recuperación en cuestión. Entre otras cosas, porque esa derecha no deja de ser un instrumento al servicio de los intereses que han producido ese infame trasvase de poder que vacía de contenido hasta la identidad democrática sobre la que se ha venido proclamando el proceso de articulación continental que nos ha llevado hasta la Unión Europea.

Acaso tenga sentido una consideración final: lo incoherente es, sea como sea, votar opciones insolidarias, o no votando o haciéndolo por grupos apenas testimoniales, contribuir a que tales opciones ganen las elecciones, para luego sorprenderse, quejarse y hasta indignarse cuando esas opciones, desde Bruselas, producen, coherentemente con lo que son y con lo que representan, políticas insolidarias. Solo a base de coherencia democrática y de movilización social, forzando una confianza que algunos llamarían ingenuidad y tratando de generalizarla, cabe la esperanza de una Europa mejor, superadora de la que últimamente ha perdido parte de su rumbo, precisamente por haber sido minada parte de su entidad democrática y su vocación primera, eminentemente solidaria.

Miguel Ángel Martínez es vice-presidente del Parlamento Europeo (PE)