En pié, cara la Oriente os haréis reconocer…

Se abre la Logia. Para algunos esta primera orden marca su posición corporal durante todos los trabajos del día. Si leen una plancha desde su sitio en columnas miran al Oriente. Si toman la palabra para responder una pregunta miran al Oriente. Si votan miran al Oriente. Si presentan saludos miran al Oriente.

Sí, es una orden importante. Cumplirla nos sirve para hacernos reconocer con discreción.
 

 

¿Pero el resto de trabajos dónde se realizan? ¿Dónde debe aportar el obrero su piedra para la construcción común? ¿Ha de ser siempre mirando al Oriente?

Al comienzo de los trabajos se encienden las luces. Estas iluminan el tapiz de logia, el suelo ajedrezado donde los maestros y compañeros realizarán su trabajo. En ese cuadrado largo, iluminado por tres luces que forman un triángulo pitagórico, transcurren los trabajos de la reunión. ¿No será hacia allí donde debe dirigirse el que usa la palabra? ¿No será en ese espacio delimitado e iluminado donde se ha de realizar la construcción del Masón?

Mirando al Oriente al principio, cumpliendo la orden de quien preside, evitamos si hay un profano descubra cómo nos hacemos reconocer. Así los ayudantes que vigilan cada columna pueden comprobar nuestro grado. Después, la orientación de los intervinientes debe girar y volcarse al Pavimento Mosaico. No es el Presidente de la reunión a quien ofrecemos nuestro trabajo si no al colectivo de la Logia.

Al exponer nuestra aportación, ya sea plancha o comentario, ante todos, situarlo sobre el Pavimento Mosaico, se lo ofrecemos a la Logia, a nuestros iguales. Si nuestro trabajo se dirige al Oriente puede resultar, o aparecer, como una ofrenda a los que presiden los trabajos. Una simple posición corporal puede significar dos visiones lejanas de lo que es la Masonería. Trabajar para el colectivo o trabajar para la autoridad. Cada uno decide su orientación corporal e intelectual.