razón y ciencia

Ni las pirámides se construyeron por seres superiores venidos de otros mundos, ni los templarios guardaron secretos de santos griales, ni las piedras tiene poderes curativos, ni los astros marcan la personalidad, ni hay energías positivas o negativas, ni se puede adivinar el futuro, ni las figuras de Nazca son faros para naves espaciales, ni el agua cristaliza de forma más armónica si la hablas con cariño, ni el conde de Saint Germain se pasea por nuestras logias, ni… Y sin embargo, estas y otras ideas son con frecuencia motivo de planchas en las logias masónicas para asombro de muchos de nosotros, que escuchamos con respetuoso silencio la alteración de la ciencia y de la historia en auténticos disparates.

Quizá esto explica porqué la literatura sobre la francmasonería continua relegada en las estanterías de las bibliotecas a los anaqueles del “esoterismo” y “ciencias ocultas”, y sea el motivo del alejamiento de nuestras logias de miles de personas deseosas de perfeccionarse moralmente, pero a los que esa mezcla de ocultismos y doctrinas esotéricas producen un rechazo intelectual insuperable, cuando no de risión mal disimulada.

Se dice que en la logia toda intervención debe aprovechar la anterior para construir sobre ella, que no hay ninguna que no tenga un punto, una idea, una sugerencia que no pueda ser útil para seguir construyendo. Y sin duda ésta es una muy buena propuesta, pues en la logia todos aportamos de buena voluntad la mejor de nuestras ideas a la obra común, pero esto no debe ser excusa para que con el pretexto del respeto y la tolerancia, con la buena voluntad de aprovechar la aportación del H. que ha intervenido con anterioridad dejemos pasar lo que son simples y vulgares falsedades científicas e históricas.

 Construir con los materiales anteriormente aportados es siempre deseable, ayuda a que la obra sea mejor, más sólida y de todos; pero para que se dé esa condición los materiales aportados deben tener una calidad que lo permita. Intentar levantar un muro sobre arenisca es perder el tiempo. Caerá más pronto que tarde.

No se trata de establecer censuras ni de limitar la libertad de pensamiento o de creencias de nadie, ni de que la logia se convierta en una academia de las ciencias, sino de pedir que lo que se presente tenga un mínimo de respeto por la inteligencia de los oyentes, y, sobre todo, evitar que la tolerancia y el respeto sean el pasaporte para la charlatanería de la New Age; que ni está en la línea de la francmasonería que El Derecho Humano promueve de reflexión ética sobre los problemas de la humanidad, ni se corresponde con su historia, ni con las ideas que animaron a sus fundadores.

La libertad de pensamiento que defiende la francmasonería avala la libertad de creencias y la libertad para expresarlas en donde su proponente considere conveniente, sea la logia o fuera de ella. Y esa libertad de opinión y creencia es un valor que los masones no vamos a dejar de defender. Pero junto a esa libertad de opinión está la de la exigencia del rigor intelectual que a todos nos afecta, de que no aceptamos que se equipare y confunda conocimiento con creencia, de pedir al proponente de cualquier alternativa distinta a lo que científicamente conocemos a que nos dé las pruebas suficientes para que comprobemos la verisimilitud de su propuesta; y si no las da, y además defiende postulados manifiestamente falsos, todos debemos sentirnos afectados y autorizados a exigir el rigor intelectual y científico de quien lo hace.

Porque ignorar a la ciencia mata. Porque la negación de las evidencias puede llegar a ser un acto criminal. Así lo es el negarse a las vacunaciones, a las transfusiones de sangre, acusar al preservativo de ser el responsable de la extensión de SIDA, negarse al desarrollo de las células madre u otras de parecido jaez con resultados trágicos.

 Y si junto a esa manipulación del conocimiento y abuso de la tolerancia a la opinión se suma la descalificación de los que pedimos un mínimo de rigor, con expresiones como “estrechos de mente” o “racionalistas” -como si eso fuera un demérito- y similares, callar es el peor de los servicios que se le puede hacer “Al Progreso de la Humanidad”. Hay que denunciar la deriva falsamente espiritual de quienes usan el ambiente de respeto de la masonería como refugio para sus logomaquias místicas.

He dicho.

Ricardo.